Entrevistar a alguien: de cerca nadie es normal

Este texto se considera un hito del periodismo moderno, aunque tiene ya varios años. Lo escribió un periodista especializado en perfiles llamado Gay Talese. Os recomiendo leerlo para aprender cómo entrevistar a alguien porque es todo un maestro en reflejar la personalidad de sus entrevistados.

Frank Sinatra, con un vaso de bourbon en una mano y un pitillo en la otra, estaba de pie, en un ángulo oscuro del bar, entre dos rubias atractivas aunque algo pasaditas, sentadas y esperando a que dijera algo. Pero Frank no decía nada. Había estado callado la mayor parte de la noche y ahora, en su club particular de Beverly Hills, parecía aún más distante, con la mirada perdida en el humo y en la penumbra, hacia la gran sala, más allá del bar, donde docenas de jóvenes y parejas estaban acurrucadas alrededor de unas mesitas o se retorcían en el centro del piso al ritmo ensordecedor de una música folk que atronaba desde el estéreo.

Gay Talese, «Sinatra está resfriado«

Entrevistar a alguien como lo hace Talese también es observar cómo gesticula, cómo habla o cómo se expresa más allá de lo que simplemente dice.

Hace ya un tiempo que quiero hablar de cómo hacer entrevistas y explorar o transmitir los resquicios de la personalidad de las personas que se han cruzado con mi grabadora.

Como quizás sabréis, mi trabajo como periodista se ha centrado en la industria del sexo, y no podría haber construido una historia sin entrevistarme con hombres y mujeres que me revelaron distintos aspectos de su vida, desde lo económico a lo emocional. Sin sus testimonios no habría sido posible acercarnos a cómo se vive un rodaje desde distintas perspectivas.

Entender la entrevista en profundidad ¿Por qué nos impacta que Sinatra se resfríe?

El estilo de las entrevistas en profundidad nos ayuda a comprender mejor al entrevistado. Quienes vivieron el momento de publicación de “Sinatra está resfriado” se encontraron a un icono cultural presentado de un modo mucho más humano. Puede parecer exagerado, pero para aquellos años ver a un representante de la masculinidad afectado por la gripe supuso una sorpresa.

Se nos describía a la persona del momento con sus preocupaciones familiares, económicas, su pasado difícil y se describió parte del camino menos glamuroso que lo llevó hasta donde se encontraba en ese momento. La gripe de Sinatra era una excusa para ponerlo al mismo nivel que tú y que yo.

Es en esos pequeños detalles donde está la diferencia para presentar un retrato completo al entrevistar a alguien.

Observar los detalles de la persona y el momento al entrevistar

Hay otro ejemplo fuera de la literatura y se llama Sean Tucker. Este fotógrafo está especializado en retratos y fotografía callejera, a menudo en blanco y negro. Trabaja mucho con ambientes urbanos donde predominan las líneas rectas y el contraste de luz y sombra.

En este vídeo, Tucker habla de la importancia de observar antes de fotografiar -o de escribir-. Es una forma de empatizar con lo que se está viendo.

Gracias a este vlog también descubrí un libro titulado “El peregrino”. Es una obra muy corta escrita por J.A. Baker que ni siquiera trata de personas, sino del halcón peregrino. Lo escribió motivado por un miedo que existía en el momento a que se extinguiera esta especie y en él describió los detalles del comportamiento y los entornos frecuentados por esta ave.

Personalmente no estoy muy interesado en la ornitología, pero lo que llama la atención 50 años después de su publicación es la forma en la que se centra en detalles comunes que se nos escapan a simple vista y que hacen la realidad mucho más interesante y cercana.

Por qué entrevistar en profundidad

Ocurre algo parecido cuando tienes una conversación larga con alguien en persona. Es en las distancias cortas cuando se ven las diferencias con una conversación online. Cuando pasas un tiempo con alguien estás mirando dentro de esa persona, puedes ver sus gestos, la textura de su piel o incluso el modo en el que se peina. Al entrevistar a alguien en persona pueden intuirse muchas dimensiones de su personalidad escuchando su voz o viendo cómo gesticula.

Una entrevista en profundidad vendría a reflejar esa experiencia. Sin embargo, los contenidos están limitados a una cantidad de páginas y palabras a no ser que seas un medio especializado como Etiqueta Negra o Jot Down.

En el caso de Escúpelo, no habría sido lo mismo de no haber tenido el tiempo de sentarme con la fuente y de explorar sus facetas más personales para humanizarla. Por supuesto que hablábamos de sexo en ese contexto, pero también de sus motivaciones y de su juventud e infancia. Todas esas cosas que no caben en un post para un blog ni en una página de periódico porque hay temas más urgentes y rentables que publicar.

Evidentemente con 21 años todavía era un idealista que creía que iba a cambiar las cosas con el periodismo, pero ese es un tema distinto.

Últimamente, no dejo de ver cómo el formato de entrevista se utiliza como una forma de sembrar discordia para generar más interacciones. Se ha generado una distancia entre eso que llamamos “celebrity” y nosotros. A menudo, también criminalizamos ideas y perspectivas que no encajan con las nuestras, y no nos damos cuenta de que detrás de todo ello hay un trasfondo y muchísimos matices.

En este sentido, y llevado a lo político, se está perdiendo el debate en favor de la cultura del «zasca».

La cultura del «zasca» y el periodismo que se muere

Cuando empecé en esto tenía la idea de que el periodista, en su faceta de entrevistador al menos, era una especie de observador silencioso. Alguien que escucha activamente durante la entrevista mientras la fuente se expresa y recibe material para luego escribir.

Mi visión estaba distorsionada por la figura de Jesús Quintero, probablemente conocido por los más jóvenes por hacer entrevistas a “El Risitas” en “Ratones Coloraos”. Pero más allá del humor, al entrevistar a alguien Quintero convertía los silencios en respuestas y se producían momentos como este:

ENRIQUE BUNBURY: … O ese día en el que me levanto pensando que tengo que escribir esa canción magnífica y ese día en el que pienso que simplemente me basta con acariciar a mis gatos.

JESÚS QUINTERO: ¿Nunca le pasó a la idea del suicidio por la cabeza?

ENRIQUE BUNBURY: Sí, muchas veces. Pero… no hay prisa.

En el vídeo, podéis ver el momento de la pregunta, la pausa y cómo fluye la conversación. El ritmo de la entrevista actual es mucho más agresivo, aunque la temática sea amable.

El ejemplo más representativo serían las entrevistas de Risto Mejide, un publicista y entrevistador especializado en «zascas» y en incomodar al entrevistado. A diferencia de Quintero, con Mejide las respuestas salen incómodas y forzadas. Se buscan los dos minutos de viralidad en redes sociales cuando alguien titule algo como esto:

«El ‘zasca’ de Risto Mejide a Rufián por llevar una chaqueta de Zara»

Siendo realistas, lo que actualmente triunfa más entre el público -o las redes- la entrevista centrada en exponer al entrevistado más que en conocerlo mejor. Una tendencia peligrosa, por cierto, porque el usuario no lector reaccionará al titular sin tener el contexto y se generará una caza de brujas sacada de quicio, pero efectivamente, muy viral.

Para el medio es perfecto porque la polémica genera visitas y las visitas se traducen en ingresos por publicidad.

Entrevistas para promocionar tu disco nuevo

Se ha perdido la entrevista larga, y lo que nos llega ahora apenas tiene recortes de la conversación original. Por supuesto, además de exponer también existen los masajes en comparación, como cuando Risto entrevistaba a una actriz porno y titulaba la entrevista “En el porno no hay trata de blancas” sin presionar sobre lo que podía existir detrás.

Meses después la entrevistada escribía el prólogo de su último libro.

El formato actual de entrevista es muy rentable para productoras y editoriales que acaban de lanzar un producto y necesitan promocionarlo porque ayuda a lanzar ideas concretas al mercado. Pero el contenido está extremadamente editado o ensayado.

Frente a ello, Gabriel García Márquez, periodista de profesión, abogado de formación y uno de los autores hispanos más importantes del siglo XX, decía esto:

La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.

Gabriel García Márquez, “El mejor oficio del mundo

El mejor oficio del mundo

La entrevista más impactante que recuerdo ocurría con un sumiso sexual. Sin embargo, los detalles más relevantes que se me grabaron tienen poco que ver con sus fetiches.

Estaba vestido con una camiseta de un videojuego y acababa de grabar una escena muy extrema que en la que había llegado incluso a sangrar. Le atraía muchísimo tener la cámara delante y que le humillaran tres mujeres a la vez, hasta que al fin aquello se fue de madre con un tacón.

El caso es que cuando nos entrevistamos él no paraba de hablar de Pokémon porque le gustaba muchísimo, y parecía muy tranquilo. Pero, de repente, empezó a dar palmadas al aire porque odiaba los mosquitos. Mientras hablaba, no dejaba de aplaudir y de mirar a todas partes buscando alguno más. Eso no lo detectó la grabadora, porque mientras lo hacía estaba hablando de fantasías sexuales. La temática, junto a la escena que produjo su miedo a tener picotazos, le dieron a la entrevista una naturalidad que no había vivido nunca.

De alguna forma era natural. Yo habría actuado del mismo modo, no me gustan los mosquitos. Pero no esperaba que eso marcara mi primera entrevista con un sumiso sexual. Igual que probablemente hace años la gente no se plantease siquiera que Frank Sinatra pudiera estar resfriado.

Entrevistar a alguien en profundidad consiste en no ponerle un filtro de Instagram a la realidad. Es conocer las anécdotas, los matices, poder incluso imaginar cómo coge un vaso el entrevistado y entender cómo vive y cómo habla.

El resfriado de Sinatra, aunque presente, se curó hace años. Sinatra ya es solo un recuerdo y probablemente ocurra algo parecido con la entrevista tal y como la conocimos. El periodismo se ha automatizado y el espíritu del encuentro en persona desaparece. Grabamos, pero no escuchamos, ni leemos ni observamos. Da algo de vértigo pensar en todo lo que se pierde por el camino.

Sobre Ismael López Fauste

Soy periodista y autor de "Escúpelo: crónicas en negro sobre el porno en España".

Entradas relacionadas