Sin embargo, si se legisla, del mismo modo que un adolescente tiene difícil el acceso a tabaco, la situación podría cambiar. Habría que esperar unos años para ver si la medida funciona. Incluso voces dentro de la industria como Antonio Marcos, presidente de APEOGA o la actriz porno Zenda Sexy en La Sexta Noche se pronunciaron sobre consumo en menores y su papel en la educación sexual. ¿Dónde está, sin embargo, la presión de las productoras grandes y las figuras más mediáticas?
Tanto la industria como las instituciones deberían que ponerse de acuerdo y facilitarse el camino entre ellos para controlar el acceso de menores de edad al porno. Mientras eso se acerca o aleja, los adultos tendremos que entender que este material ha llegado para quedarse e influir en el sexo. Principalmente porque ya es gran parte del contenido que alberga internet y porque las cabezas empiezan a estar codificadas para consumirlo.
No es algo exclusivo de la pornografía, sino forma parte de un buen marketing de producto que crea y alivia necesidades.
Igual que explicamos a los muchachos que beber CocaCola no es la mejor opción para sus dientes, también deberíamos hablar abiertamente de este tema. Las bebidas azucaradas van a estar ahí, la única apuesta que -imagino- todo el mundo acepta es que la mejor vía de prevención es la información. En el caso del porno y el sexo sería muy parecido, y el bienestar mental no es ninguna broma. Pero para eso hace falta comprenderlo a fondo, tal vez desde argumentos más científicos y razonados que nos permitan darles a los adolescentes un porqué.
Contaba en aquella entrevista como de pequeños accedíamos a los vídeos a través de CDs que copiábamos y que compartíamos en secreto en el instituto como si el disco proviniera del mismísimo comisario Villarejo. No nos llamaba el deseo, sino la curiosidad que producía lo prohibido. Y ahora que las barreras se han roto y han alcanzado incluso Youtube, quizás solo quede eso; la información como arma frente a algo que tiene el potencial de convertirlos en miserables, a ellos y sus parejas sexuales, durante el resto de sus vidas adultas.
La entrevista: «No hace falta que los niños busquen contenidos pornográficos, se los encuentran sin querer»